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Noticias en la web - Movida nocturna

Noticias en la web - Movida nocturna | Edición del día Sábado 21 de Julio de 2018

Una noche de descontrol en la terminal de Punta del Este

Un grupo de jóvenes alcoholizados obligó a cortar el servicio de ómnibus a La Barra en la noche del miércoles

El guarda no podía disimular el miedo. Un botellazo había entrado por la ventana del ómnibus y había lastimado a una joven. Del otro lado, unas 200 personas se abalanzaban sobre el vehículo y golpeaban los vidrios: "Hijo de puta, hijo de puta", gritaban. Lo único que protegía al funcionario de la violencia eran las puertas cerradas, sobre las que se amontonaba cada vez más gente. "Si abro va a haber una avalancha", decía el hombre. Y no abrió más.

Entonces empezó una batalla campal. El ómnibus prendió el motor para salir de la terminal de Punta del Este con destino a La Barra, adonde los adolescentes que veranean en el balneario salen a bailar. "Ahora es matar o morir", gritaba un joven que no tenía más de 18 años. Enseguida se tiraron 50 personas encima del ómnibus y se colgaron de las ventanas, golpearon los vidrios y patearon las puertas. Otros sacaron navajas y fueron directo a las ruedas con la intención de pincharlas, pero no lo lograron. El miedo hizo que el chofer acelerara y se fuera, dejando atrás a cientos de adolescentes alcoholizados.

Eran las 3:30 de la madrugada del jueves 11. Por primera vez en toda la temporada, la violencia de los jóvenes en la terminal de Punta del Este hizo que el servicio de ómnibus se suspendiera.
Tres personas que habían salido de trabajar hacía pocos minutos avisaban a sus familiares que tendrían que pasar la noche en la terminal, porque la siguiente línea saldría a las 10 de la mañana. "Hace unos días vi cómo le vomitaban la cabeza a una chiquilina que se toma todos los días el ómnibus después del trabajo", comentó a El Observador Cristina, que trabaja como moza en una parrillada.

Los adolescentes no se daban por vencidos. A pocos días de que terminara la primera quincena de enero, y las vacaciones para muchos, una de las últimas salidas a La Barra parecía cosa de vida o muerte. A medida que pasaban los minutos se amontonaban cada vez más jóvenes y también aumentaba la cantidad de alcohol: whisky y vodka en botellas eran los preferidos. Hasta que a las 3:40 llegaron ocho efectivos armados del Grupo Especial de Operaciones (GEO) de la Policía para vaciar la terminal.
$ 54 es el precio del boleto del ómnibus que va desde la terminal de Punta del Este a la Barra. El mismo viaje en Uber cuesta alrededor de $ 750
"Está propio esto, está demás. Vinieron hasta los milicos", comentaba uno de los adolescentes. Por la pista de ómnibus caminaban grupos de jóvenes que no decidían qué hacer, porque la esperanza de ir a La Barra no se agotaba. Otros se acercaban a los policías y preguntaban con respeto a qué hora saldría el próximo ómnibus. "No se va a restablecer el servicio", les respondían.

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El inspector de la empresa de transporte que había ordenado cortar las líneas de ómnibus seguía hablando por teléfono. "Los choferes no me quieren trabajar así, no me quieren trabajar. Cargan acá a los chiquilines y después el viaje es un desastre", dijo a El Observador. El funcionario, que pidió no ser identificado, contó que en lo que va de la temporada los adolescentes rompieron tres ómnibus durante las travesías nocturnas. Arrancaron los asientos del piso, astillaron los vidrios y a uno le hicieron un agujero en el techo. Esos vehículos no se pueden utilizar más.
$ 200 es el precio de un trago en el único bar de La Barra al que van los adolescentes. Se los venden en un vaso chico de plástico y por lo general se trata de vodka con pomelo.
Sobre las 3:50 de la madrugada llegó la orden definitiva: había que vaciar la terminal. Los policías tendrían que lograr que los adolescentes se fueran sin reprimirlos, por ser menores de edad.
A su vez, la mujer que comandaba el operativo se dispuso a filmar la actuación de los uniformados para "cubrirse" ante eventuales denuncias de los jóvenes o de sus padres. "Hacemos lo que podemos acá, pero ellos también son conscientes de que lo único que podemos hacer es llevarlos a la comisaría. Hoy uno nos dijo: 'A mí no me pueden pegar porque soy menor'", comentó.

Como quien pastorea ovejas, los uniformados comenzaron a caminar entre los adolescentes hacia la salida de la terminal. Algunos hacían caso, pero la mayoría seguía tomando y preguntando a qué hora saldría el próximo ómnibus. Por alto parlante, un policía repetía que el servicio no se iba a restablecer. "Pedimos un Uber, ya fue", decían algunos. Otros caminaban hacía la playa Los Dedos con la intención de hacer dedo. A las 4 de la madrugada ya no quedaban adolescentes en la pista de ómnibus. Todos siguieron la noche, porque ninguno fue detenido. No hubo ómnibus hasta las 10 de la mañana.

La previa

Menores La Barra

La noche había empezado unas cuantas horas antes en el muelle de Mailhos. Frente al puerto de Punta del Este, cientos de jóvenes se juntan todas las noches del verano a escuchar música y a tomar alcohol. El plan funciona así: entre las 10 y la 1:30 copan la zona las generaciones "cero tres" y "cero cuatro" (les dicen así porque nacieron en 2003 y en 2004) y a partir de las 2 de la madrugada llegan los "cero uno" y "cero dos". El alcohol lo consiguen a pocas cuadras del muelle, en un almacén cercano a la terminal de ómnibus.

Los adolescentes prácticamente no tienen lugares adonde salir en el balneario. La directora de Espacios Públicos del Instituto del Niño y del Adolescente del Uruguay (INAU), Alejandra Pacheco, dijo a El Observador que los jóvenes están en la calle porque a los empresarios no les seduce la idea de poner un boliche para los menores de edad. Como no pueden vender alcohol, los números no resultan atractivos.
Entonces el plan es tomar en la calle. Algunos llevan envases de medio litro de refresco y ahí preparan la bebida: el whisky se corta con bebida cola y el vodka con pomelo. Una botella de litro se comparte entre cuatro amigas y si son hombres pueden tomarla entre dos. Hay poco porro y los jóvenes que tienen se alejan del muelle para fumarlo, porque si no otros les piden.
El INAU cuenta con seis inspectores en el departamento de Maldonado para supervisar la venta de alcohol a menores en comercios y boliches. La directora de Espacios Públicos del organismo, Alejandra Pacheco, reconoció que todavía faltan recursos humanos para hacer una buena fiscalización.
"Hay días que está más puesto, hoy hay muchos pendejos", se quejó un adolescente de 16 años en relación a que otras veces el ambiente estaba mejor. El joven estaba con su novia en el puerto, pero antes habían pasado por un bar frente a la playa El Emir y habían gastado $1.000 en tragos. Eligieron tres: "intestino de borracho" con vodka, "te extraño, Marta" con gin y "tumba rancho" con whisky. Ese boliche solo deja entrar a menores de edad antes de la 12 de la noche, porque después empiezan a pedir cédula. El que llegó temprano tiene suerte y se queda. Y para venderles alcohol no les piden cédula.

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El muelle de Mailhos es la primera parada de la travesía nocturna de los adolescentes, y la sufren tanto los vecinos como los restaurantes del puerto. Los jóvenes cruzan la rambla y piden vasos descartables en los comercios, preguntan si pueden pasar al baño y a veces vomitan los decks de madera o las entradas de los edificios. También hay picadas de autos y motos que levantan las ruedas y sacan chispas con el caño de escape contra la calle. El ruido y la mugre al otro día tienen a los vecinos cansados.

La Barra

Menores La Barra

Sin ómnibus, llegar a La Barra durante la madrugada del jueves 11 era casi una odisea; un Uber costaba entre $700 y $850. Los jóvenes uruguayos igual estaban contentos, porque como era un día par (decían que todavía era miércoles 10) iba a haber muchos argentinos. "Vinimos por eso, porque están los porteños, ellos siempre vienen los días pares. Los días impares es un embole esto", dijo a El Observador una chica de 15 años.

El único plan que hay en La Barra es ir a un bar que queda a pocas cuadras del puente. El lugar tiene ocho mesas de plástico al aire libre y las mozas atienden atrás de un mostrador. Un trago en un vaso chico descartable cuesta $200 y no hay demasiadas opciones; la mayoría toma vodka con pomelo.
En ese bar la música electrónica salía de un parlante mediano. Un grupo de amigos bailaba y movía la cabeza, mientras que el resto conversaba en la calle. Había chicas sentadas sobre la avenida principal de La Barra y otros paraban los autos para volver a Punta del Este. No todos compraban alcohol en el boliche, muchos todavía cargaban la botella de medio litro que habían traído del muelle Mailhos.
$ 50 mil equivalente a 50 Unidades Reajustables, es la multa mínima que impone el INAU a los comercios que venden bebidas alcohólicas a menores de edad. La sanción máxima es de 200 UR.
El director de Higiene de la Intendencia de Maldonado, Jorge Píriz, dijo a El Observador que la noche en el balneario "mejoró mucho" desde que combatieron las conocidas "casitas" con multas al padrón. Hasta el año pasado, grupo de adolescentes hombres alquilaban casas para hacer fiestas privadas y ponían alcohol solo para jóvenes solteras.

Sin embargo, el jerarca reconoció que el nuevo plan nocturno también es un problema: "Sabemos que no es lo ideal, pero mi dirección ya tiene muchas cosas para fiscalizar como para controlar además que los gurises no estén en la calle", afirmó.

La noche de los adolescentes termina entre las seis y las siete de la mañana. Con un poco de hambre después de tanto alcohol, compran medialunas en el centro de La Barra o hamburguesas en la avenida Gorlero. "¿Venís mañana de noche, no? Se va a re poner", lanzó uno. "Mañana nos rompemos fuerte", contestó el otro.

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