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Noticias en la web - VEA EL VIDEO

Noticias en la web - VEA EL VIDEO | Edición del día Viernes 20 de Julio de 2018

Enchúlame el foodtruck

Facundo Dellacasa revive objetos que encuentra en volquetas o chatarrerías y los convierte en la versión de moda de un carrito de comida

Eran las dos de la mañana de un día cualquiera y Facundo Dellacasa paseaba por el centro de Montevideo. Frenó cuando sintió el flechazo: un aparador de 1950 de dos metros de largo, completo, había quedado abandonado al lado de una volqueta. No lo podía dejar pasar, pero tampoco tenía cómo llevárselo y ningún flete estaba dispuesto a trabajar a esa hora. Con dolor, lo tuvo que abandonar. "Mis amigos me dicen que soy un poco raro, pero a mí me gustan las cosas lindas", se explica.

Dellacasa es de esas personas a las que una bicicleta vieja le puede parecer sexy, un portón francés oxidado lo puede deslumbrar y un triciclo de 1962, enamorar. Los triciclos deben ser uno de sus fetiches más fuertes. Hace un tiempo compró varios Vespa de 1962 que El Correo usaba para repartir cartas y así encontró la forma de hacer de su vicio un negocio.

Consiguió repuestos originales, diseñó, encargó la reparación y pintura de los triciclos a su socio, Daniel Alveldaño, y los convirtió en pequeños locales de comida móviles o foodtrucks. Su obra maestra es uno de estos Vespa pintado de negro que sirve de cervecería ambulante y que ha llevado a distintos eventos, como la feria Montevideo Pop Up. Al emprendimiento, le puso The Creative Truck.

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De motocross al diseño

Lo primero que Dellacasa customizó –o enchuló, para los nostálgicos del algo engañoso programa Pimp my ride o Enchúlame la máquina, que MTV pasaba hace más de una década– fue un Volkswagen Fusca que su padre compró cuando él tenía seis años.

Con su ayuda, que consistía en alcanzarle las piezas y observarlo admirado, le cambió los guardabarros, le dejó el motor descubierto y lo convirtió en un Baja California, un auto hecho especialmente para un tipo de carrera que se corre en la península mexicana. Así empezó el romance que, muy probablemente, le salvó la vida.

Dellacasa corrió en motocross desde que tuvo su primera moto, a los cinco años –otro vicio que heredó de su padre. Compitió toda su adolescencia en pistas a lo largo del país, hasta juntar un total de 19 fracturas. Las últimas, las dos manos al mismo tiempo, fueron las que lo hicieron desistir y reinventarse.

Lea también: Construir foodtrucks: otra forma de sacarle jugo a la moda

Bajó varios cambios y de correr motos pasó a diseñarlas. Montó un proyecto de customización o adaptación que implicaba desarmar un modelo hasta el cuadro y las ruedas y rearmarla con tanques de motos viejas inspiradas el estilo Cafe Racer, una forma de vestir y usar las motos que nació en Inglaterra en 1950. Customizar motos es una especie de lujo que se dan en otras partes del mundo los nostálgicos de este estilo inglés –una forma de adaptar las motos para que sean más ligeras y corran más–, que el escritor y periodista Hunter Thompson llamó una de sus "adicciones más finas".

En Uruguay, sin embargo, encontró poco mercado. Pronto decidió subirse a una de las últimas olas en el rubro gastronómico, pero con su propio estilo: "Todos los foodtrucks eran cuadrados, negros y tenían la misma propuesta. Ahí es donde vi que acá hay un nicho, una opción para aportar esa sintonía fina, esa pieza clásica que sentí que hacía falta".

moto vieja taller mecánico

La línea fina entre el diseñador y el amontonador de cosas

No cualquier cosa vieja puede convertirse en Foodtruck. Dellacasa tiene el ojo entrenado para encontrar bicicletas, motos y otros vehículos con potencial para tener una segunda vida. Recorre remates, ferias y cualquier chatarrerío que se cruce en el camino, pero su especialidad son las volquetas.

Hay una línea fina entre convertirse en un amontonador de chatarra y encontrar una segunda utilidad para cosas desechadas y Dellacasa le corre por arriba a diario. " Freno, compro, cargo y ya está, me lo llevo. Si fuera por mí, compro todo lo que se me cruce", dice. Tiene cosas guardadas en lugares desde el Cerro hasta el Pinar y a tanto llegó su obsesión por los triciclos Vespa de El Correo, que compró todos los que encontró sanos y los guardó, a la espera de un cliente que quiera convertirlos en foodtruck.

Con las bicicletas tiene camino libre porque no ocupan tanto espacio y son fáciles de transformar, varias marcas le han pedido transformarlos en heladeras transportables para vender comida. "Antes tenían un diseño increíble, los caños iban empipados, no soldados como vienen ahora. A mí me llama mucho la atención el diseño, porque perdimos toda esa calidad de antes", dice.

"La gente se aburre de las cosas y no les encuentra la versatilidad que puede llegar a haber con una pintura o modificando las piezas, prefieren un mueble brasilero de viruta encolada que algo de calidad", explica. Para Dellacasa se trata de una experiencia estética pero también utilitaria: donde otros ven desecho, él ve belleza y potencial.

Apelando al viejo dicho de "todo vuelve", él explora espacios que la gente prefiere abandonar y resucita lo que el olvido y el consumo dejaron de lado. Con un poco de ingenio y creatividad, todo objeto se vuelve merecedor de una segunda oportunidad.

Facundo Dellacasa Foodtruck
El triciclo Vespa de 1962 quedó convertido en una cervecería móvil
El triciclo Vespa de 1962 quedó convertido en una cervecería móvil

¿Cuánto sale un foodtruck?

Hacer una bicicleta con equipo de frío que funcione como mostrador puede tener un costo de a partir de US$ 2.500 y uno de los triciclos Vespa de 1962 puede llegar a los US$ 15.000. De todas formas, todo depende de las piezas que se usen y las adaptaciones que requieran.

Un jardín de foodtrucks

El próximo paso para The Creative Truck es crear un jardín en el Prado que ofrezca comida gourmet, cervezas y café con distintos Foodtrucks. La idea está recién en sus inicios pero, según adelanta Dellacasa, sería el primer jardín de foodtrucks de la ciudad.


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