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Noticias en la web - ALIMENTACIÓN

Noticias en la web - ALIMENTACIÓN | Edición del día Lunes 20 de Agosto de 2018

La pelea de Chile contra la comida chatarra

La legislación chilena contra los alimentos poco saludables se ha convertido en una referencia a nivel mundial aunque todavía le queda camino por recorrer

Por Andrew Jacobs, New York Times News Service

Se deshicieron del Tigre Tony. Desaparecieron a Chester Cheetos. Prohibieron los Kinder Sorpresa. Ante tasas de obesidad que se dispararon, el gobierno chileno libró una guerra contra la comida chatarra y poco saludable con una serie de restricciones en la publicidad, rediseños obligatorios de los empaques y reglas sobre los etiquetados que buscan transformar los hábitos alimentarios de sus 18 millones de habitantes.

Los expertos en nutrición mundial dicen que las medidas son el intento más ambicioso de cambiar la cultura de un país y podrían convertirse en un modelo para darle un giro a la tendencia de una epidemia de obesidad global que, según estimaciones de investigadores, contribuyó a cuatro millones de muertes prematuras al año.

"Es difícil exagerar lo significativas que son las acciones de Chile, o lo difícil que ha sido llegar a este punto al enfrentarse a las presiones típicas", dijo Stephen Simpson, director del Centro Charles Perkins, organización académica enfocada en temas de nutrición, ciencia y políticas públicas sobre obesidad. Las industrias multimillonarias de alimentos y refrescos ejercieron esas presiones con éxito en otros países para frenar las regulaciones de este tipo.

Desde que comenzaron a implementarse las reglas en la materia, que entraron en vigor en 2016, gigantes como Kellogg tuvieron que deshacerse de los personajes animados de sus cajas de cereales azucarados y dejar de vender golosinas como el Kinder Sorpresa que buscan atraer a los consumidores más jóvenes con baratijas y regalitos. La ley también prohíbe la venta de muchos tipos de comida chatarra como helado, chocolates y papas fritas en las escuelas y veta que esos productos sean publicitados en programas televisivos o en sitios web dirigidos a públicos infantiles.

Además, a partir del próximo año, esos anuncios ya ni siquiera podrán aparecer en televisión, en la radio o en salas de cine entre las 6 de la mañana y las 10 de la noche. Asimismo, en un esfuerzo por fomentar la leche materna, esta primavera entrará en vigor una prohibición al marketing vinculado a la leche de fórmula.

¿Y si aún se te antoja una Coca-Cola? En Chile, las bebidas con alto contenido azucarado ahora tendrán un impuesto de 18%, una de las tasas más altas del mundo.

Etiquetado especial

La parte central de la iniciativa es un nuevo sistema para etiquetas que requiere que las empresas de productos empaquetados y envasados pongan sellos de advertencia de color negro si estos tienen alto contenido calórico o de grasas saturadas, azúcares o sales.

La industria alimentaria dice que las nuevas reglas se extralimitan. Felipe Lara, director de Chilealimentos, asociación industrial, dijo que las etiquetas nutricionales son confusas e "invasivas" y que las restricciones en la publicidad están basadas en una correlación que considera fue hecha con falencias científicas entre la promoción de comidas poco saludables y un aumento de peso. "Creemos que la mejor manera de atender el problema de la obesidad es por medio de una educación de los consumidores para que cambien los hábitos alimenticios", dijo.

PepsiCo, que fabrica los Cheetos, y Kellogg, que hace productos como las Zucaritas, acudieron ante los tribunales con el argumento de que las regulaciones contravienen temas de propiedad intelectual. Ese caso está pendiente.

María José Echeverría, portavoz de PepsiCo, dijo que la empresa ha cumplido con la ley al pie de la letra y no tiene interés en revertirla, pero que quiere proteger su capacidad de utilizar una marca registrada localmente. Kellogg no ofreció comentarios.

Las tasas de obesidad van al alza y con ello han forzado a gobiernos de todo el mundo a confrontarse con una de las mayores amenazas a la salud pública que se han visto en generaciones.

Hasta finales de los años ochenta, la malnutrición era común entre los chilenos de escasos recursos, particularmente en los niños. Hoy en día, tres cuartos de la población chilena tiene sobrepeso u obesidad, de acuerdo con datos del Ministerio de Salud del país. Los funcionarios han prendido las alarmas particularmente por la tasa de obesidad infantil, que está entre las más altas del mundo: la mitad de los niños chilenos de seis años tiene sobrepeso u obesidad.

En el 2016, los costos médicos derivados de la obesidad alcanzaron los US$ 800 millones, un 2,4% de todo el gasto en salud pública, una cifra que los expertos estiman rondará el 4% de ese rubro en 2030.
Esas estadísticas fomentaron que una coalición de funcionarios electos, científicos y activistas en materia de salud pública sobrellevara una dura oposición de la industria alimentaria y a los aliados de esta en el gobierno.

"Fue un combate de guerrilla difícil de ganar", dijo el senador Guido Girardi, vicepresidente del senado chileno, presidente de la Comisión de Salud en esa cámara y un doctor que propuso originalmente las medidas de etiquetado en 2007. "La gente tiene el derecho a saber que estas empresas de alimentos están sacando esta basura y, con esta legislación, creo que Chile ha hecho una contribución inmensa a la humanidad".

Los sellos de advertencia

Chile Comida chatarra

Las barras de cereal, los yogures y los jugos de caja, que muchas veces son publicitados como "saludables", "naturales" o "fortificados con vitaminas y minerales", ahora tienen uno o más de los sellos negros. Una sola botella de aderezo tipo ranch de la marca Great Value tiene los cuatro tipos de advertencias: indican que tiene un alto contenido calórico, de azúcar, de sal y en grasas. "Nunca les ponía atención a las etiquetas", dijo Patricia Sánchez, contadora de 32 años y madre de dos, mientras llenaba su carrito de compras en un supermercado en Santiago con la ayuda ocasional de su hija de 7 años. "Pero ahora como que te fuerzan a poner atención. Y si yo no lo noto, mis hijos, sí".

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