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Noticias en la web - MILONGAS Y OBSESIONES/ M. ARREGUI

Noticias en la web - MILONGAS Y OBSESIONES/ M. ARREGUI | Edición del día Viernes 15 de Diciembre de 2017

Caos monetario y político: los preámbulos del golpe militar

Una historia del dinero en Uruguay (IX)

Uruguay tuvo el raro privilegio de que "oristas" y "cursistas" dirimieran sus diferencias con armas en la mano. Unos sostenían que el papel moneda debía cambiarse por oro, como garantía contra los excesos de emisión; otros creían que la emisión debía ser abundante y fiduciaria (de fe: confianza): de aceptación obligatoria o "curso forzoso".

A fines de mayo de 1869 el caudillo colorado Francisco Caraballo, instigado por círculos políticos montevideanos, se alzó en armas contra el gobierno de Lorenzo Batlle exigiendo la permanencia del curso forzoso de los billetes emitidos por los bancos, un argumento extraordinario para iniciar una revolución. Pronto se sumó el general Gregorio "Goyo" Suárez, quien un año antes había perdido la Presidencia de la República ante Batlle por apenas un voto, y había sido designado ministro de Guerra y Marina, una forma de consuelo —y de obtener su compromiso—. Renunció a ese cargo, se fue a la campaña y marcó sus diferencias con el gobierno.

Caraballo y Suárez se disputaban el liderazgo del sector caudillista del Partido Colorado tras el asesinato de Venancio Flores.

Lorenzo Batlle acusó al senador colorado Pedro Varela, quien también había pretendido la Presidencia, y a los directores de algunos bancos, como el Mauá, de estimular y financiar a los rebeldes.

Batlle, que era un militar experimentado, salió a la campaña y apresó a Gregorio Suárez. Mientras tanto el temible caudillo mercedario Máximo Pérez, que esta vez se puso del lado del gobierno, obligó a Caraballo a rendirse el 2 de julio en Paso Mazangano, sobre el río Negro.

Esas revueltas, naturalmente, eran más fruto del oportunismo y de rencillas internas en el Partido Colorado que expresión de principios económico-financieros, que la mayor parte de los involucrados no alcanzaba a comprender.

El país recién empezaba a tener moneda propia y muchos de sus dirigentes ya deseaban actuar como aprendices de brujo.

La "Revolución de las Lanzas" y el "Pánico de 1873"

En diciembre de 1869 regresaron los restos de la División Oriental, que había combatido en la guerra contra Paraguay. Y en marzo de 1870 se inició la Revolución de las Lanzas, acaudillada por el blanco Timoteo Aparicio, una guerra civil sangrienta que se extendió hasta 1872. La deuda del gobierno trepó año tras año. Los principales prestamistas eran bancos de Brasil, Francia e Inglaterra, aunque también, por supuesto, los bancos uruguayos.

En ese tiempo los precios de la producción exportable uruguaya descendieron drásticamente debido a una crisis económico-financiera del mundo capitalista, que entonces era pequeño.

Esa crisis culminó en el "Pánico de 1873", una grave depresión en Estados Unidos que también se propagó por Europa occidental. El "Pánico" se inició por la especulación desenfrenada con acciones del ferrocarril, que había ayudado a convertir a Estados Unidos en la principal potencia agrícola mundial. Mientras tanto en Uruguay el desarrollo del ferrocarril se estaba haciendo con mucho retraso, al igual que la expansión agrícola.

El gobierno de Batlle terminó el 1º de marzo de 1872 en medio de una guerra civil, una profunda depresión económica y el caos monetario.

Las "cámaras bizantinas"

Las cámaras legislativas electas en 1873 acogieron una brillante generación de universitarios conocidos como "principistas", tanto blancos como colorados. Sus detractores (blancos y colorados "netos", o "candomberos", afines a los caudillos, personalidades vinculadas a la explotación agropecuaria, estamentos cercanos a los militares) las llamaron "cámaras bizantinas", de manera despectiva, en referencia a la costumbre que se atribuye a los antiguos líderes de Bizancio de discutir todo hasta el absurdo sin tomar medidas concretas.

Los "principistas" debatieron y rechazaron la creación de un banco nacional y la emisión de dinero oficial debido a su extrema desconfianza en el Estado y el riesgo de opresión.

Argumentaban que una estrecha sociedad entre los gobiernos, siempre hambrientos de dinero, y un banco generoso conduciría inevitablemente al envilecimiento de la moneda y a la ruina.

El golpe de 1875, el "año terrible"

A fines de 1874 el país estaba extenuado y otra vez en grave crisis financiera, en medio del desgobierno y la apertura del "año terrible": 1875. Los salarios públicos se pagaban con un atraso de seis meses.

La tensión entre "principistas" y "caudillistas" llegó a tal grado que un acto eleccionario menor, celebrado el 10 de enero de 1875, derivó en un tiroteo en la Plaza Matriz de Montevideo que provocó varias decenas de muertos y heridos. Entre los que cruzaron disparos había varios defensores notorios del "orismo" o del "cursismo", así como adversarios y partidarios de crear un banco nacional.

El 15 de enero los militares depusieron al presidente José Ellauri, un doctor colorado liberal y "principista", hijo del constituyente de 1830 José Longinos Ellauri, y en su lugar nombraron al siempre dispuesto Pedro Varela, un notorio "cursista" y prestidigitador de las finanzas. Fue el preámbulo de un ciclo trascendente conocido como "Militarismo".

El 25 de enero se autorizó a la Junta de Crédito Público, que existía desde 1870, a emitir billetes. Fue la primera ocasión en que un organismo público emitió papel moneda en Uruguay, cuando aún no había un banco central. Impresos en Nueva York, esos papeles decían que "la República Oriental del Uruguay reconoce este billete...". El contador tesorero de la Junta de Crédito Público fue Juan Lindolfo Cuestas, quien luego sería ministro de Hacienda durante el Militarismo, y presidente de la República entre 1897 y 1903.

Un sector del Partido Colorado, los "candomberos" o "netos", así como el brasileño Irineu Evangelista de Sousa, barón de Mauá (y su abogado José L. Terra, padre de Gabriel Terra), y núcleos de empresarios y deudores, eran partidarios del crédito fácil y barato, aun a costa de llenar la plaza de papeles inconvertibles. Para ellos el crédito no era fruto solo del ahorro, sino también de la voluntad política. Representaban un anticipo del "maridaje" propio del siglo XX en América Latina y otras zonas "entre gobiernos despilfarradores y bancos centrales dependientes y sumisos", escribió Ramón Díaz en su "Historia económica de Uruguay".

La imparable depreciación de los billetes inconvertibles

El Banco Mauá cerró sus puertas definitivamente el 23 de febrero de 1875, y quedó en manos de una comisión liquidadora. No prosperaría una propuesta del ubicuo Andrés Lamas de transformarlo en una suerte de banco nacional. Dos días después, el 25 de febrero, quebró el Banco Navia. El 27 de marzo de 1875 se implantó de nuevo la inconvertibilidad y el curso forzoso del papel moneda.

El Estado uruguayo dejó de pagar la deuda interna, y en febrero del año siguiente también dejó de pagar la deuda externa (default).

El 23 de junio se aprobó otro decreto-ley que amplió las facultades del Estado para emitir billetes. Los partidarios de la convertibilidad obligatoria de los billetes en oro —con los bancos de Londres y Comercial a la cabeza— reaccionaron con energía. Para ellos el papel era solo un símbolo; detrás estaba el metal que aseguraba una moneda respetada y sin inflación.

Por su parte más de 500 comercios de Montevideo, agremiados en el Centro Comercial, deseosos de sobrevivir al caos, firmaron un convenio el 21 de junio de 1875 por el que se comprometían a satisfacer con oro todas las obligaciones no pactadas expresamente en papel moneda. También se negaron a comerciar y dar créditos a las empresas que se acogieran al curso forzoso de los billetes. Algunos dirigentes de la gremial fueron perseguidos y se exiliaron en Buenos Aires. Pero, a la postre, la decisión de los comerciantes significó el fin de la Junta de Crédito Público, cuyos billetes eran inconvertibles, que se liquidó en 1876. El papel moneda que había emitido fue rescatado más tarde por una "Comisión de Extinción de Billetes", creada por Lorenzo Latorre, para quemarlo.

En medio de una caótica serie de medidas y con sus cuentas en muy mal estado, el gobierno prohibió a la prensa publicar noticias económicas y cotizar en bolsa la desvalorización de los billetes inconvertibles, cuyo precio cayó 90%.

En suma: muchas personas e instituciones financieras se sacaban de encima los billetes, aceptando por ellos apenas el 10% de su valor nominal.

Muchos billetes ya no valían ni el papel en el que estaban impresos, como había acontecido 50 años antes con los papeles del Banco de Buenos Ayres que Juan Antonio Lavalleja y los suyos trajeron con la "Cruzada Libertadora".

Próxima nota: El ciclo de Lorenzo Latorre y la creación del Banco Nacional

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