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Noticias en la web - Argentina

Noticias en la web - Argentina | Edición del día Miércoles 18 de Octubre de 2017

A dos semanas de las elecciones, el macrismo trepa y Cristina pierde pie

Las encuestas muestran un fortalecimiento del oficialismo para las legislativas mientras la economía muestra números positivos

Euforia en el macrismo, preocupación y desazón en el kirchnerismo: así puede sintetizarse el estado de ánimo con el que las dos principales fuerzas políticas argentinas llegan a la elección legislativa de medio término que se realizará el domingo 22.

Todas las encuestas marcan una ventaja para el gobierno, que amplía los resultados obtenidos en las primarias de agosto. No solo lograría ganar en provincias históricamente peronistas sino que también, según los sondeos, estaría ganando "de visitante" en el gran bastión del peronismo, la provincia de Buenos Aires.

Allí, donde vota el 38% del padrón y donde se concentran los casos más graves de pobreza y marginalidad –un terreno fértil para el clientelismo político de los "punteros" y organizaciones piqueteras–, Cristina Fernández de Kirchner pierde terreno.

Una encuesta encargada por la gobernadora María Eugenia Vidal otorga una ventaja de seis puntos entre el candidato oficialista y Fernández. Otros sondeos independientes marcan una distancia mayor, de más de ocho puntos.

La sorpresa por esta diferencia es tan grande que hasta empezó a generar preocupación en el propio macrismo: saben que una de sus mayores fortalezas políticas consiste en el temor de gran parte de la población a un retorno del kirchnerismo.

En realidad, lo que está ocurriendo no puede calificarse como sorpresivo. Siempre pasó que, entre las primarias y la elección "de verdad" se produce una polarización. Es el conocido efecto del "voto útil" que refuerza a los partidos líderes en detrimento del voto de las minorías.

Así, en la provincia de Buenos Aires se diluyen las fuerzas de Sergio Massa y Florencio Randazzo, los peronistas peleados con el kirchnerismo. Ese fenómeno era previsible, pero lo que nadie esperaba era que la "fuga" de esos votos reforzara al macrismo en vez de plegarse a Fernández.

El oficialismo tiene, además, una carta a su favor: en las elecciones "por los puntos" suele haber una mayor afluencia de votantes que en las primarias.

En Buenos Aires, donde votó en agosto un 74% del padrón, se espera que se pueda subir hasta cerca de 80% para el 22 de octubre. Y esos nuevos votantes, en su mayoría poco politizados, pertenecientes a sectores sociales marginales, suelen votar al oficialismo de turno.

Por eso es que, más que preocuparse por convencer al peronismo de cambiar su voto, el macrismo está poniendo todo su esfuerzo en hacer que los que no fueron a votar en agosto, sí lo hagan en octubre.
La estrategia de Fernández es opuesta: su gran apuesta es apelar a un sentimiento opositor que aglutine a todas las fuerzas y exprese un rechazo al macrismo.

Esa apelación al "voto contra de" por encima del "voto a favor de" quedó explícita en su carta pública en la cual plantea que dos de cada tres votantes no quieren al macrismo y que no hay que dispersar el voto, para que ese rechazo se refleje en la nueva composición parlamentaria.

Concretamente, la consigna de la ex presidenta es que hay que "ponerle un límite" al macrismo para poder "frenar el ajuste brutal que prepara para después de la elección".

La respuesta de Massa y Randazzo ante el llamamiento de Fernández fue lapidaria. No solo le negaron apoyo sino que la acusaron de ser responsable del fortalecimiento político de Macri.

El cambio

Lo más notable de esta nueva fase de la campaña es el viraje en la estrategia política y comunicacional de Fernández.

Para las PASO, había adoptado un inédito "bajo perfil". Convencida de que la forma de erosionar al macrismo era mostrar las consecuencias concretas del ajuste económico, prefirió que el centro de la campaña fueran los testimonios de "gente de carne y hueso".

Entonces no aparecía en spots televisivos, que pasaron a ser protagonizados por jubilados, desempleados, amas de casa y estudiantes.

Y en los actos, lejos de sus tradicionales discursos extensos, la ex presidenta casi no hablaba, y les cedía el micrófono a comerciantes fundidos, taxistas sin pasajeros y obreros suspendidos.

El exiguo resultado de dos décimas por encima del oficialista Esteban Bullrich hizo que esa estrategia entrara en revisión.

El primer intento de Fernández fue cambiar el foco del discurso y dirigirse a la clase media progresista, para tratar de persuadirla de no votar a Macri y defender además una agenda de defensa a los derechos humanos y los principios republicanos.

Fue así que Fernández se puso al frente del reclamo por la aparición de Santiago Maldonado y la reivindicación de los derechos de la etnia mapuche en la Patagonia.

Pero los sondeos demostraron que, si bien ese discurso rendía en términos de movilización callejera, no movía la aguja en términos de intención de voto.

Según los analistas, ese tipo de debate sólo es seguido por la minoría politizada e informada que practica su esgrima retórico diariamente en las redes sociales, pero no llega a las grandes mayorías.

Es, como dicen los expertos, un tema de "minorías intensas", que únicamente refuerza las posiciones de aquellos que ya estaban convencidos.

Por eso, en los últimos días Fernández volvió a girar sobre sus pasos y retomó el discurso centrado en la economía. Pero esta vez con una variante: en vez de poner en primer plano a los "damnificados del ajuste", ella ocupó el centro del escenario.

En un giro inédito, aceptó por primera vez en más de una década ser entrevistada en medios de comunicación no afines a su línea política.

Hasta ese momento, la expresidenta sufría la "chicana" de quienes decían que si había cedido el protagonismo era porque no había tema al que pudiera referirse sin sufrir un "efecto búmeran".

Hablar de inflación implicaba responder sobre la manipulación estadística en su propio gobierno, criticar las subas de tarifas suponía un recordatorio de los apagones durante su gestión, hablar de represión policial en Argentina implicaba explicar su apoyo al régimen chavista en Venezuela, cuestionar la integridad moral de funcionarios macristas traía, inevitablemente, el recuerdo de sus propios funcionarios sorprendidos con bolsos llenos de dólares.

Pero aun así, Fernández decidió que era el momento de hablar en entrevistas. Se preparó para responder preguntas vinculadas a las causas de corrupción en su contra, para defender y justificar las medidas más polémicas de su propio gobierno y hasta meditó alguna autocrítica.

Su raid de entrevistas la vio salir airosa. Con su reconocida habilidad retórica, pudo sortear los temas más escabrosos y transmitió una imagen relajada.

Pero, pasada esa prueba con relativo éxito, el kirchnerismo constató que tenía otro problema: cambió el contexto económico y el humor social de manera que su discurso empezó a perder efectividad.

La economía

Irónicamente, la misma economía que antes pesaba como un lastre para el gobierno, ahora empezó a dar resultados, al punto que todas las semanas el macrismo festeja la publicación de nuevos números positivos.
La economía mejora y ocurre al mismo tiempo que la inflación cae. El humor social mejoró como demuestran los índices de confiaza del consumidor.

Y una encuesta de la consultora Poliarquía registra 54%de aprobación para el gobierno, lo que implica una mejora de nueve puntos respecto a dos meses atrás.

En consecuencia, el macrismo está determinado a explotar a fondo esa sensación de que "lo peor ya pasó".

Con una campaña de baja intensidad en cuanto a actos partidarios tradicionales, prefirió centrar sus esfuerzos en difundir la gestión de gobierno.

La paradoja de esta campaña electoral es que el macrismo parece estar ganando con herramientas clásicas del peronismo.

Cristina, el debate y la agenda

Una de las mayores incógnitas de esta campaña es si habrá debate entre candidatos para el principal distrito, el de la provincia de Buenos Aires.

La tradición argentina es que el candidato que lidera las encuestas se muestra reacio a debatir, mientras que el resto reclama la discusión pública, con la esperanza de poder acortar diferencias.

En este caso, hay además un atractivo especial porque una de las contendoras es la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien nunca aceptó debates públicos.

Las primarias de agosto la dejaron en primer lugar, con una exigua ventaja de dos décimas sobre el postulante oficialista, el exministro de Educación Esteban Bullrich.

Sin embargo, ahora las encuestas muestran a la exmandataria en segundo lugar. De manera que en el kirchnerismo se muestran propensos a dar el debate.

Pero la condición que pone Fernández es que no se realice en un estudio televisivo, por considerar que no se trata de un ámbito neutral.

La propuesta kirchnerista es hacer el debate en una universidad del conurbano bonaerense. En filas macristas aceptan que se dé la discusión pero sostienen que se debe hacer en un medio de comunicación.

Qué votan los argentinos

Las elecciones del 22 de octubre son las legislativas de medio término. Según lo dispuso en la reforma constitucional de 1994, se renueva parcialmente el Congreso cada dos años.

En esta votación se debe elegir la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Implica la renovación de 127 bancas para la cámara baja y los asientos de senadores correspondientes a ocho provincias: Buenos Aires, Formosa, Jujuy, La Rioja, Misiones, San Juan, San Luis, Santa Cruz.

En el sistema de representación federal se mantiene una proporción acorde a la población de cada provincia para determinar la cantidad de diputados.

Así, a Buenos Aires le corresponde en esta ocasión renovar 35 bancas, mientras que provincias pequeñas en población como Chubut, La Rioja, Río Negro, Formosa y Tierra del Fuego apenas renuevan dos.

En cambio, el Senado tiene una representación e de tres representantes por provincia, más allá del tamaño de cada una.

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