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Noticias en la web - EL TAPADO DE LA FECHA

Noticias en la web - EL TAPADO DE LA FECHA | Edición del día Viernes 22 de Septiembre de 2017

Ladrillero y goleador: así la rema un delantero del fútbol uruguayo

Franco López trabajó desde su infancia y a los 16 años viajó a probar suerte en la capital; tras defender a El Tanque; hoy anota para Cerro y es feliz

Paysandú lo fue haciendo hombre de a poco. Creció jugando al baby fútbol en Colón primero y después en Centenario, hasta que su nivel era tan bueno que fue llamado a defender a la selección sanducera.

El dinero no sobraba en su casa ni mucho menos, pero su madre Laura llamó un día a un programa radial y le consiguió una beca en una escuela privada, el Centro Cultural Neike. Allí pudo hacer los seis años.

Después que comenzó el liceo público, ya no le fue demasiado bien a Franco López, el delantero de Cerro que fue el tapado de la cuarta fecha del Clausura.

Su madre tenía una especie de almacén-kiosco y él llegó a atenderlo con una de sus tres hermanas.

"Mi vieja cruzaba a Colón en Argentina y traía mercadería a granel para poder venderla en Paysandú más barata y hacer la diferencia", comentó el futbolista a Referí.

Franco dice que no cobraba nada, "pero al menos, picoteaba algo de comida ahí", según recuerda sonriendo.

Tenía 14 años y en su casa vivía con su madre, su abuela y sus tres hermanas. Entre las dos mujeres sostenían la casa haciendo limpiezas como empleadas domésticas. Entonces un día decidió ayudar a parar la olla.

Consiguió trabajo haciendo ladrillos de barro y dedicando más de 10 horas por día, aún con 14 años.

Fabricar esa clase de ladrillos no es sencillo y lleva todo un proceso, explica.

"Trabajaba en La Costanera de Paysandú y ahí me tiraban unos mangos. Tenía un molde que llenaba de barro. Eso iba al horno un rato, después lo sacaba y lo mojaba con agua, le agregaba más barro y esperaba que secara. Cada ladrillo llevaba como una hora", recuerda Franco.

Él quería seguir jugando al fútbol y entonces viajó a la capital, a la casa de su tío Rodolfo "Mudo" López, quien jugaba en Miramar Misiones con Palito Pereira y Papelito Fernández, el fallecido Carlos De Castro, Pablo Granoche y Darwin Quintana, entre otros.

Su tío lo cobijó en su casa cuando llegó con 16 años.

Luego de un año, su madre y su abuela Nélida se vinieron con toda la familia a vivir a Montevideo.

"Es que somos muy familieros y no querían dejarme solo. Ellas vinieron para la capital y consiguieron trabajo de empleadas domésticas, algo que ya conocían de Paysandú. Mientras tanto, mi tío también me bancaba en su casa", explicó.

Entrenó durante un año en Miramar Misiones pero sin fichar y no quedó. Luego fue a hacer una prueba a Danubio, pero durante dos semanas estuvo engripado y tampoco fue elegido para quedar en el plantel de divisiones menores.

"Fue un bajón que no salieran las cosas como uno quería. La cosa estaba difícil y me quería volver a Paysandú. Estuve a punto de hacerlo", recuerda.

Pero a los pocos días, su tío escuchó en una emisora de radio que El Tanque Sisley buscaba aspirantes para Cuarta división. Se presentó y fue elegido.

Hizo un año de Cuarta, uno de Tercera, hasta que lo ascendieron a Primera, con la que tuvo buenas y malas.

Lo hizo debutar Raúl Möller contra Wanderers en Florida.

"Fue una mezcla de todo porque se me cruzó por la cabeza aquella vez que me quise volver a Paysandú, y el hecho de poder debutar en Primera. Mi vieja y mi abuela habían hecho mucho por mi carrera como futbolista. Me pagaban el boleto, me compraban los zapatos de fútbol, entonces entendí que era el momento para devolverles todo lo que habían hecho", indicó.

En El Tanque le tocó descender con el Tola Antúnez como técnico, pero también ascendió siendo goleador en Segunda división con el argentino Darío Tempesta. Todo en seis meses, porque justo en la A se jugaba el Uruguayo Especial.

Justo dice que Tempesta fue quien le dio la confianza necesaria para asentarse como jugador, aunque también recuerda a otro técnico, Ignacio Ordóñez, de la Cuarta.

"En El Tanque pasamos momentos económicos muy difíciles ya estando en Primera. No nos pagaban, nos bañábamos con agua fría en el Della Valle y cuando ascendimos, si no recurríamos a la Mutual, no nos hubieran pagado el premio", añadió.

Para él, pasar a Cerro fue un salto grande. "Fue un cambio brusco porque es otra cosa. La ropa que nos dan, el pago al día, uno puede vivir más tranquilo".

Hace un tiempo se mudó de la Unión –en donde vivía con su tío– y hoy vive en el Buceo con su madre, su abuela, sus tres hermanas, la pareja de una de estas y sus dos sobrinos, Lorenzo –de dos años– y Maia –de cuatro–, a quienes dos por tres lleva a pasear a algún parque.

"En mi dormitorio duermo con mi abuela y mi hermana menor de 18 años", explica. "Entre todos, nos dividimos los gastos, pero de alguna manera, me siento el hombre de la casa", agrega.

Tiene ganas de terminar el liceo y después hacer un curso de técnico o preparador físico, porque le gustaría seguir en el fútbol.

Hoy Franco es feliz en Cerro y espera seguir creciendo.

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