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Noticias en la web - ANÁLISIS

Noticias en la web - ANÁLISIS | Edición del día Sábado 25 de Noviembre de 2017

Peñarol cuida a su motor para el clásico

Con solo cuatro partidos Walter Gargano se adueñó del mediocampo aurinegro y será fija en el partido del domingo

"No importa lo que uno tenga que resignar para venir, lo que cuenta es lo que viene. Hay que estar preparado y luchar por lo que es Peñarol; estamos en el equipo más importante y hay que sacrificarse para ganar, no hay otra", fueron sus palabras el día de su presentación.

Sacrificio y victoria, pilares de una historia forjada en un Danubio campeón, en su recorrido europeo y el título logrado en 2011 con Uruguay en la Copa América.

Cuando Walter Gargano se decidió a jugar en Peñarol, lo hizo sabiendo que el negocio previo pintaba un escenario desolador y que debía dejar mucho esfuerzo para revertir el escenario. Había más por perder que por ganar.

Llegaba a un equipo sediento de victorias, con mucha competencia en su puesto y el riesgo de hipotecar su chapa de jugador de selección si no se adaptaba a la dureza del medio local.

Pero respondió con creces y se adueñó del puesto en un abrir y cerrar de ojos. Puso pausa en zona de vértigo, equilibrio en las transiciones y tranquilidad en la línea de combate donde se deciden los partidos.

Leonardo Ramos encontró en Gargano un jugador dispuesto a ocupar espacios y con privilegio para leer los partidos. En un mercado de pases donde Peñarol en relación a años anteriores contrató menos y mejor, todos los que llegaron lo hicieron para ser titulares. Guillermo Varela, Fabricio Formiliano, Maximiliano Rodríguez, Mathías Corujo y Lucas Viatri son una muestra.

Sin embargo Gargano elevó en secreto su rendimiento hasta volverse indispensable. Su tarea no brilla, se encarga siempre del trabajo sucio y lo hace mejor que muchos. Hizo relegar a Guzmán Pereira a un rol secundario en el doble cinco y Peñarol volvió a tener un volante que logra sacar la pelota limpia cuando intenta salir jugando.

Gargano, que entrenó al margen ayer en Los Aromos por una contractura en el sóleo, no se baja del clásico. Es la pieza clave en un funcionamiento colectivo que, luego de mucho tiempo, comienza a brillar.

DESPLIEGUE FÍSICO: UN TITÁN

"Llego muy bien, me siento muy cómodo porque nunca dejé de entrenar. Uno nunca puede bajar los brazos y siempre seguí entrenando con la misma intensidad", dijo el futbolista el 25 de julio, día de su presentación. Y no mintió en absoluto.

Gargano tuvo minutos desde el arranque en la pretemporada y fue titular desde el primer partido de este Torneo Clausura. Jugar en una zona de desgaste físico podía ser una variable negativa para su edad, pero demostró que físicamente está intacto.

El volante nunca dejó de entrenarse en Monterrey y eso lo disfruta Peñarol. Llega a tiempo a los relevos, corre la cancha de acuerdo a la experiencia que brinda su trayectoria y siempre está bien parado. Es de los pocos jugadores que termina los partidos corriendo sin sentir el desgaste. Como muestra basta un botón. En las primeras cuatro fechas jugó todos los minutos, no tuvo descanso y solo vio una tarjeta amarilla, en el debut ante El Tanque Sisley. En los otros partidos apenas cometió infracciones y fue un baluarte.

UN GUARDAESPALDA

El trabajo de Gargano en el plano defensivo es completo. No solo se recuesta contra los zagueros cuando el equipo es atacado tras perder la pelota, sino que además complementa a la perfección el trabajo de Guzmán Pereira. Tras su llegada, Guzmán Pereira cambió de rol, se volvió un volante más táctico, fijo y de combate en la zona medular, mientras que Gargano fue el encargado de jugar liberado por esa zona y hacer el desgaste en la recuperación.

Tiene capacidad para sacar la pelota limpia, lo que lo vuelve un volante peligroso a la hora de asisitir. Su trabajo es tan importante para el equipo y está tan bien considerado por Leonardo Ramos, que en los cuatro partidos se repitió la tendencia. Guzmán Pereira dejó la cancha para darle ingreso a un jugador de vocación ofensiva y Gargano se mantuvo en cancha como único volante de marca. En esos minutos hizo un desgaste aún mayor.


TRANSICIÓN Y CIRCUITOS

Por el sistema táctico empleado (Peñarol utiliza un 4-4-2 en el dibujo que puede interpretarse como un 4-4-1-1 cuando Maximiliano Rodríguez baja para tomar contacto con la pelota) el juego de Peñarol necesita de un volante que rompa las líneas hacia atrás y hacia adelante en busca de sacar la pelota limpia desde la zona defensiva y ser el primer eslabón en los circuitos ofensivos.

Sin Gargano en el club esa función era de Guzmán Pereira, mientras un volante más destructor como Ángel Rodríguez o Marcel Novick asumía un rol táctico. Sin embargo tras su llegada, Gargano se transformó en un jugador clave para esa función. Cuando Kevin Dawson intenta salir jugando por abajo, Gargano hace el retroceso para auxiliar en la salida a Formiliano o a Ramón Arias y comienza a generar fútbol hacia los extremos. Esta versión de Peñarol encontró a Cristian Rodríguez como una fuente de soluciones por izquierda, dinámica y técnica con Diego Rossi o Fabián Estoyanoff por derecha mientras que Maximiliano Rodríguez completa el rombo.

LLEGA LIBERADO AL ATAQUE

Con los Rodríguez, Estoyanoff o Rossi y el propio Lucas Viatri como referencia en ataque, Peñarol encontró un modelo que le resulta exitoso hasta el momento en el Torneo Clausura si se toma en cuenta que Guillermo Varela y Lucas Hernández también toman atribuciones ofensivas por sus respectivos laterales. Es por eso que el rol de los volantes de contención en ataque es más decorativo.

Aún así, Gargano se las ingenió para estar siempre cerca de la jugada, cubrir la espalda de los extremos cuando se proyectan y mostrarse siempre como una opción válida de pase cuando el rival de turno se refugia en un bloque defensivo.

Gargano nunca destacó como un volante goleador y su estatura lo hace un jugador sin peso en las áreas, sin embargo suple esas falencias con una enorme dosis de sacrificio para seguir siempre de cerca la jugada. Con Fabián Estoyanoff y Diego Rossi formó un triángulo interesante ante Boston River, cuando Cristian Rodríguez estaba afectado a la selección.

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